El río sigue hablando. Pero ahora dice cosas diferentes. El Silencio Gris no ha desaparecido del todo — permanece en los márgenes. Pero donde hay voces, retrocede.
Candelaria tiene 18 años. Lleva gafas y el pañuelo de Doña Asunción. Futura abogada. Presenta un documento formal: un acuerdo de protección del territorio. Necesita lenguaje legal Y literario.
«En virtud de lo expuesto, y reconociendo que el patrimonio lingüístico constituye un bien inmaterial de la humanidad, se acuerda por las partes...»
Don Próspero — envejecido, arrepentido — firma. No con la mano del empresario, sino con la mano del niño que tallaba jaguares.
El documento integra registro legal («se acuerda por las partes»), registro literario («el río que guarda memorias»), registro académico («según la evidencia») y registro personal — Candelaria firma con su nombre completo por primera vez.