Yaguará visita la casa donde vivió Doña Asunción. Está vacía, pero no en silencio. La madera cruje. El río murmura. Un pájaro desconocido canta desde el techo.
Candelaria espera afuera. No entra todavía. Hay un duelo que necesita espacio.
«Nakawe soy, y mi madre fue Nakawe, y la madre de mi madre.» Mamá Jaguar aparece junto a Yaguará. Los nombres pasan por el tiempo como ríos.
Cada maestra vive en la voz de sus estudiantes. La escritura profesional es eso: dejar palabras que otros puedan habitar cuando tú ya no estés.