Río ha estado vagando por el bosque oscurecido. Todos creían que se había perdido. Pero vuelve sonriendo — y trae una sorpresa.
Encontró un rincón del bosque donde la niebla gris no ha llegado. Un pequeño claro donde los sonidos siguen vivos: ranas, pájaros, insectos, viento. Un santuario.
«¡Hermana! ¡Dejé de buscar y me puse a jugar! Y el silencio se fue. Mi risa lo ahuyentó. ¡Llevo jugando días y el gris no entra!»
El más joven, el más pequeño, resulta ser clave: la alegría también es resistencia. Río fue ahuyentando al silencio poco a poco, sin darse cuenta, simplemente siendo ruidoso y vital.
Candelaria se puso a dibujar todo inmediatamente. El claro, las ranas, a Río con los brazos abiertos.