Los Antiguos hablan. No usan gritos ni susurros. Su lenguaje es como agua que toma la forma de la piedra: preciso, inevitable.
«El agua recuerda la forma de la piedra incluso cuando la piedra ya no está. La montaña no enseña — revela. En primer lugar, escucha. No obstante, no todo lo que escuches será claro.»
Yaguará entiende cada palabra. Candelaria no. Puede sentir la presencia de Los Antiguos, pero no puede escucharlos. El puente requiere el alma bilingüe de Yaguará.
«Sé que están ahí. Siento algo. Pero no escucho nada. Tradúceme, Yaguará.»
Yaguará traduce. Pero traducir no es solo cambiar palabras. Es cambiar mundos. Para transmitir lo que Los Antiguos dicen, necesita el registro académico: preciso, estructurado, verificable.