Después de la confrontación, Don Próspero desaparece. Días después, alguien lo encuentra junto al río — sentado donde Doña Asunción solía sentarse, con las manos en el agua. Está escuchando.
«No seré escuchador. He hecho demasiado daño. Pero puedo escuchar. Es lo único que me queda.»
La Sombra de Yaguará regresa por última vez — pero ya no es oscura. Es translúcida, suave, parte de Yaguará. Yaguará la abraza. La sombra se disuelve en su cuerpo. El miedo se convierte en sabiduría.
El Mamo habla: «No descubrimos las cosas; las nombramos, y al nombrarlas les damos existencia. Cuando una lengua muere, no mueren palabras — mueren formas de ver.»
¿Puede existir un pensamiento sin palabras? ¿Es el silencio de Don Próspero una forma de escuchar?