Yaguará llega a una aldea. Hay un consejo reunido. Candelaria la mira desde la primera fila, pero esta vez no puede hablar por ella. Yaguará debe dirigirse a la gente sola.
Se pone de pie. Empieza. Tropieza con las palabras. Dice «en primer lugar» y se olvida del segundo punto. Dice «sin embargo» y se pierde en la frase. Hace una pausa larga. La gente espera.
Entonces vuelve a empezar. Más despacio. «En primer lugar, el bosque nos da todo lo que tenemos. Además, cada nombre que se pierde es un pedazo del mundo que desaparece. Sin embargo, hay personas que creen que el camino de Don Próspero trae progreso. En conclusión, debemos decidir qué queremos conservar.»
La gente escucha. No porque su español sea perfecto. Porque lo que dice es verdad. La Sombra mira desde afuera de la ventana. Es más pequeña que antes.