Yaguará está ante un puente — literal y metafórico. El último cruce entre el mundo humano y el mundo espiritual. Se está rompiendo. El Silencio Gris lo erosiona. El camino de Don Próspero llega al río.
Yaguará debe elegir: quedarse en el mundo humano y seguir luchando, o volver para salvar la ceiba.
Doña Asunción no está en el río. Su chal está ahí, doblado sobre una piedra.
Candelaria lo sabe sin que nadie se lo diga. La última escuchadora se ha ido. El puente entre los mundos ahora descansa solo en Yaguará.
«Yo no puedo escuchar el bosque. Pero puedo escucharte a ti.»
Si Yaguará hubiera llegado antes, ¿habría cambiado algo? Si hubiera escuchado con más atención, ¿habría encontrado las palabras a tiempo? Lo que nunca pasó tiene su propia gramática.