Yaguará escucha los discursos de Don Próspero. Cada palabra está medida. Cada promesa suena perfecta. Pero algo falta.
«El progreso llega para todos. El camino traerá trabajo, escuelas, hospitales. Nadie perderá nada. Todo será mejor.»
Candelaria encuentra un jaguar de madera que se cayó del bolsillo de Don Próspero. Lo levanta. Él se queda callado. Por un momento, no es un empresario. Es un niño cuya madre le talló un jaguar de memoria. El momento pasa. Se lo quita. Pero Yaguará lo vio.
«Las palabras más peligrosas son las que parecen perfectas. Lo que no se dice pesa más que lo que se dice.»