Yaguará regresa de El Silencio Gris transformada. Sus ojos guardan dos mundos. Va a buscar a Doña Asunción, que está visiblemente más débil. La anciana toma el rostro de Yaguará entre sus manos.
«Tú eres la última puerta. Cuando yo muera, tú serás el puente.»
«El río, cuyas aguas guardan los nombres, no olvida. Los árboles en los que las voces se refugian siguen vivos. Las historias que nadie escucha son las que más necesitan ser contadas.»
Candelaria registra cada palabra. Yaguará siente la palabra intraducible — no como traducción, sino como comprensión.