Doña Asunción habla. Es su discurso más largo. Todos escuchan en silencio.
«Las escuchadoras eran mujeres que escuchaban al río, a los árboles, al viento. Traducían lo que oían para la comunidad. Una por una murieron. Yo soy la última.»
«Las palabras no se inventan. Se reciben. Hay palabras que existen en un idioma pero no en otro. No se traducen. Se cuidan.»
Doña Asunción le da a Yaguará una palabra en lengua indígena. Una palabra sin traducción al español. «Llévala. No la traduzcas. Guárdala.»
Yaguará lleva esa palabra intraducible como una brasa en la boca. Algo que arde, algo que ilumina, algo que no se puede explicar con otras palabras.