Yaguará y Candelaria se sientan con Don Próspero junto a una fogata. Nadie habla durante un largo rato. Solo el fuego.
Don Próspero cuenta su historia. Nació en el Chocó. Su madre era indígena. Murió pobre, mientras la tierra era rica. Él se fue a Bogotá, estudió, trabajó, volvió.
«Quiero que el pueblo tenga trabajo. Quiero que mis hijos no pasen hambre. Por eso construyo el camino.»
Su lógica es coherente. Su dolor es real. Sus métodos son devastadores.
Candelaria mira a Yaguará. Yaguará mira el fuego. Dos verdades pueden existir al mismo tiempo. Eso es lo más difícil de entender.