Yaguará camina por la selva del Chocó. Nota algo: la historia del pescador tiene un río. La historia del llanero tiene un pasto. La historia de la montaña tiene agua. Todo se conecta.
Al lado del río Atrato aparece una mujer que Yaguará no esperaba. Es Doña Asunción. Se sienta junto al agua. No tiene prisa.
«Te he esperado», dice. «Las historias que cuentas no son diferentes. Son la misma historia, que se mira desde muchos lugares.»
Yaguará entiende: la mujer que escucha el río, el llanero que cruza el llano, el pescador que conoce el mar — todos hablan del agua, porque el agua lo conecta todo.