Yaguará cuenta: «Ayer, la rana cantó. Hoy, no canta.» Si puedes contar lo que pasó, lo mantienes vivo.
Una noche, una niebla gris llegó. La rana dejó de cantar. Su nombre era... Yaguará no lo recuerda. Eso es lo terrible: no el silencio, sino el olvido.
Entonces Yaguará encontró a una niña humana cerca del Atrato. Se llama Candelaria. Tiene doce años. Está perdida. Tiene un cuaderno.
Yaguará y Candelaria se miran. No pueden comunicarse. Los sonidos y las palabras no coinciden. Todavía.